He aquí la corrida de los tiempos próximos. O, quizá, el porvenir se hizo presente hace ya tiempo. Lo vivido esta tarde, en el primer festejo de la Feria de San Miguel, ha sido algo así como un regreso al futuro ya conocido, como la culminación de un espectáculo antaño emocionante que ha alcanzado ya las más altas cotas del desengaño.

Preciosa La Maestranza con ese cartel de No hay billetes que es la antesala de la belleza de un entorno deslumbrante. Una tarde soleada y calurosa, pero sin el ardor primaveral. Ambiente de lujo y los ánimos prestos para el disfrute sevillano de los toros.

Un acontecimiento antes de que suenen clarines. Tras el paseíllo, el cariño del público obliga a la terna a salir al tercio para agradecer el sincero afecto. Pero cuando se abre la puerta de toriles, se hace realidad el futuro, o el presente, quién sabe, pero, con toda seguridad, sorprendente para aquel iluso que esperara presenciar una corrida de toros en su esplendor; o, mejor dicho, un verdadero acontecimiento.

Bueno, el suceso verdaderamente sobresaliente residía en los tendidos, una muchedumbre de sonrisas ávidas de la felicidad que esperaba recibir de una terna de artistas.

Salieron los toros de la familia Matilla, diseñados en probeta para el disfrute de las figuras, con la presencia justa, desbordante la nobleza, carentes de fortaleza y casta, de insípida dulzura, sin codicia ni celo… Toros elegidos para no molestar, para acompañar sin dar miedo, para contribuir, llegado el caso, al triunfo del matador. Toros, también, para un público torerista, generoso hasta la beatitud, consciente del protagonismo del vestido de luces, y convencido de que el animal es un colaborador necesario, incluso un convidado de piedra.

Pero la corrida no contribuyó al éxito porque hubo poca casta, menos codicia y celo y escasez de bravura; todos los toros mansearon en los caballos, casi sin picar pasaron por el primer tercio el segundo y el quinto, y mostraron con celeridad su falta de fondo físico y su carencia de raza. Aun así, el segundo llegó con movilidad a la muleta, repitió una y otra vez la embestida y sorprendió a Manzanares, que no está en su mejor momento, y se entretuvo en un toreo superficial, despegado y sin hondura. Fue la suya una labor de mero acompañamiento a un toro vibrante que mereció mejor suerte.

Y no hubo otro toro que permitiera el lucimiento en el tercio final. El diestro alicantino se encontró en quinto lugar con un toro anodino, y a Morante le tocó en suerte un lote birrioso, muy apagado el primero y sin atisbo de clase el cuarto. Al menos, el torero pudo dejar el sello de su clase en el toreo de capote al que abrió plaza: tres verónicas y dos medias de categoría, y un quite por chicuelinas, y no pudo haber más a pesar de su decidido interés.

El “triunfador” de la tarde fue Pablo Aguado; las comillas responden a que fue un triunfo muy sevillano, algo exagerado. Nada pudo lucir con el soso sexto, pero no es menos cierto que se gustó en un exquisito quite por armoniosas chicuelinas y otro a la verónica en el tercero de la tarde, y que el inicio de muleta con ese toro fue un alarde de inspiración, preñado de suavidad y buen gusto: dos trincherillas, un molinete, un remate con la zurda y un pase de pecho, trazos de primorosa elegancia.

A partir de ahí, y a causa del escaso ánimo de su oponente, todo se diluyó hasta que una estocada trasera dio paso al generoso galardón que Aguado agradeció muy sonriente.

Emoción no hubo en todo el festejo, ni toros que dieran miedo, ni tensión. Ha sido una de las esas corridas de las que sales como entraste, con la ilusión de que mañana mejore. El futuro, vamos…

Hnos. García Jiménez / Morante, Manzanares, Aguado

Toros de Hnos. García Jiménez y Olga Jiménez, justos de presentación, mansurrones, nobles, blandos y descastados. Mejor presentado el quinto y con movilidad en el tercio final el segundo.

Morante de la Puebla: pinchazo (silencio); pinchazo y estocada caída (silencio).

José María Manzanares: pinchazo y estocada (ovación); estocada (silencio).

Pablo Aguado: estocada trasera (oreja); media estocada tendida y atravesada (silencio).

Plaza de La Maestranza. 29 de septiembre. Primera corrida de la Feria de San Miguel. Lleno de ‘no hay billetes’.

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