Doce temporadas después de comprar el Paris Saint-Germain, los príncipes de Qatar asisten perplejos a otro giro dramático en la larga desventura de su equipo en Champions. En este caso, el presidente Nasser al-Khelaifi, hombro con hombro con el presidente de la UEFA, Aleksander Çeferin, en el palco de autoridades del Parque de los Príncipes, donde este martes un Newcastle mermado por nueve bajas estuvo a punto de imponerse por 0-1 y puso en evidencia la falta de madurez del proyecto que moldea Luis Enrique desde el verano. La derrota habría dejado al PSG virtualmente fuera de la competición, en la tercera posición del Grupo F, el Grupo de la Muerte, de no ser por el insólito penalti pitado a la voz de VAR en el minuto 98 porque los jueces determinaron que el balón que había rebotado en el pecho y en la mano de Livramento lo merecía. Ahora el 1-1 obliga al PSG (7 puntos) a ganar en Dortmund (10 puntos) en la última jornada. En caso de empate, un triunfo del Newcastle en St.James Park ante Milan (empatados a 5 puntos) clasificaría al club inglés en segunda posición debido al goal average particular. El Newcastle se impuso por 4-1 en Inglaterra.

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Gianluigi Donnarumma, Achraf Hakimi, Danilo Pereira (Goncalo Ramos, min. 85), Skriniar, Lucas, Fabián, Manuel Ugarte (Vitor Ferreira, min. 61), Lee Kang-In (Marco Asensio, min. 82), Ousmane Dembélé, Kylian Mbappe y Randal Kolo Muani (Bradley Barcola, min. 61)

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Nick Pope, Valentino Livramento, Trippier, Jamaal Lascelles, Schar, Bruno Guimarães, Lewis Miley, Joelinton, Isak, Anthony Gordon y Miguel Ángel Almirón

Goles 0-1 min. 24: Isak. 1-1 min. 97: Kylian Mbappe.

Árbitro Szymon Marciniak

Tarjetas amarillas Joelinton (min. 22), Manuel Ugarte (min. 36), Lee Kang-In (min. 54), Ousmane Dembélé (min. 57), Skriniar (min. 59), Gianluigi Donnarumma (min. 72), Miguel Ángel Almirón (min. 83), Nick Pope (min. 91) y Goncalo Ramos (min. 95)

“El miedo al fracaso”, dijo Eddie Howe, “es un factor motivacional en mi carrera”. El entrenador del Newcastle lo advirtió en París, este lunes. Su equipo tenía miedo. Miedo a no sumar puntos en el Parque de los Príncipes y quedar matemáticamente eliminado de la Champions antes de disputar la última jornada y después de 20 años fuera de la competición que se ha convertido en el Shangri-La de todos los ejecutivos de la Premier.

El Newcastle acudió estresado a enfrentar al PSG. Nada fuera de lo común en el áspero ecosistema competitivo de la liga inglesa, en donde cada fin de semana se libran batallas agonísticas. Los futbolistas de Hope no solo están habituados a afilar los sentidos al máximo durante cada minuto de partido en el afán por anticiparse a cada acción del compañero y el rival. El Newcastle se especializa en el rigor físico. La solidaridad en defensa, las maniobras puntuales de presión en todo el campo, y las transiciones vertiginosas, son el pan y la sal de un equipo diseñado para hacer las cosas al modo estrepitoso. Una manera de jugar que no siempre le garantiza estabilidad táctica, pero que resulta especialmente molesta para este Paris Saint-Germain de muchachos jóvenes hechos a las rutinas regaladas de la Ligue 1, un torneo más caótico que demandante, rico en hedonistas y en equipos desordenados que para Mbappé y sus compañeros no presentan más obstáculos que los de un entrenamiento de máxima intensidad. Poseen tanta clase como los que más, pero les falta curtir el carácter. El salto al escalón de la Champions se hace demasiado escarpado para sus mentes poco exigidas. El Grupo F, muestrario frenético de la Premier, la Serie A y la Bundesliga, les impone como un Karakoram.

Persuadido de que sus hombres necesitarían una inyección de adrenalina, Luis Enrique pidió al público que “calentara” el ambiente. “Vamos a sufrir”, avisó. El PSG se había hecho fuerte en su campo: sumaba 20 goles en seis partidos y solo había recibido dos. Aunque el Newcastle le había metido 4-1 en St. James Park, todavía no había anotado ni uno en sus salidas al continente y el entrenador español jugó la carta de la guerra psicológica con la esperanza de cohibir a sus adversarios provincianos. El efecto intimidatorio duró diez minutos.

El tiempo que le llevó al PSG hacer dos jugadas explosivas. Dembelé se fue por primera y última vez de Schär, y su centro lo remataron sucesivamente Fabián y Kang-in Lee; y luego Mbappé remató de tacón una contra bien orientada por Kolo. En ese punto e interrumpió el flujo ofensivo del PSG, que pasó a exhibir desorientación en un terreno cada vez mejor trabajado por el Newcastle.

Durante casi una hora, el PSG dominó la situación de manera selectiva: donde y como se lo permitió el Newcastle, en donde Guimaraes, Joelinton, Gordon y Almirón tuvieron más peso que Ugarte, Fabián y, sobre todo, el huidizo Kang-in Lee. La apuesta de retirar a Vitinha de la alineación para darle galones al coreano fue la decisión más extraña de Luis Enrique. Resultó fallida: esporádicamente, Lee exhibió su último pase. Pero desapareció cuando sus compañeros buscaron una salida a la presión del Newcastle. Ahí, el pulso del juego lo determinaron Guimaraes y Joelinton en un dominio que consagró Tino Livramento con una jugada que dejó en evidencia a toda la defensa local. La acción del lateral de Croydon, un interminable eslalon entre líneas, fue explotada por Almirón en un tiro que Donnarumma no blocó, para goce de Isak, que empujó el 0-1.

Mbappé: “Debemos ser más clínicos”

La entrada de Vitinha en la segunda parte proporcionó algo más de velocidad y profundidad al juego del PSG, desesperado en una empresa de asedio que el Newcastle contrarrestó con la energía que le proporcionó el miedo al fracaso, los contragolpes, y las paradas de Pope, especialmente una con la rodilla tras un disparo a bocajarro de Barcola. Siete tiros a puerta del PSG contra dos del Newcastle reflejan el balance de un enfrentamiento que acabó desequilibrado. “Debemos ser más clínicos”, lamentó Mbappé; “La culpa no es de la estructura, ni de la organización. Somos nosotros, los jugadores, los que debemos marcar más goles”.

Meter goles a las defensas desbaratadas de la Ligue 1 es más sencillo que metérselos a los mejores equipos de Europa. Dar vuelta a las inercias creadas en un partido lanzado siempre fue tarea descomunal. No se discute la superioridad técnica del equipo anfitrión. En el choque de mentalidades que se produjo en los últimos minutos se habrían impuesto los jugadores habituados a vivir alarmados de no ser por la ultimísima intervención del VAR.

“Creo que el árbitro [Szymon Marciniak] no ha tomado una buena decisión valorando los hechos en cámara lenta”, dijo Howe. “Si se tiene en cuenta la velocidad de la acción, esa mano corresponde al movimiento natural del cuerpo”.

El próximo 13 de diciembre, el Grupo de la Muerte se decidirá entre Newcastle y el viejo Westfalenstadion.

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