El Madrid es más campeón con Campazzo | Baloncesto | Deportes

Supercopa ACB – final – jornada 1

Unicaja

Real Madrid

Real Madrid

Fue la décima Supercopa del Real Madrid, la sexta consecutiva, todas desde que Edy Tavares llegó a la casa blanca, la novena de Rudy y Llull, la segunda con Chus Mateo en el banquillo. Pero fue sobre todo la Supercopa de Facundo Campazzo, el base argentino de 32 años que este verano ha regresado al club madridista y que desmontó a un bravo Unicaja en la final disputada en Murcia con 19 puntos, cuatro asistencias y una clase magistral de cómo mover a un equipo. Bajo la batuta de Facu, MVP del torneo, el campeón es mucho más campeón.

El Madrid descubrió pronto sus cartas. Hezonja, Ndiaye y Tavares entre los titulares (Deck era baja). Mucho físico y músculo, tres piezas grandes ante un Unicaja de peones más bajitos y con ausencias en su estructura interior (Kravish, Sima). El choque de estilos partió con Hezonja moviéndose en el poste bajo y con el equipo andaluz percutiendo desde el perímetro y esquivando chocar con el muro de Tavares. Osetkowski procuraba sacar al gigante de la cueva, empujarlo al terreno donde puede ser vulnerable. Perry se marcó tres triples seguidos (11-7), su carta de presentación en el duelo de directores ante Campazzo. Musa y Hezonja respondían con la misma artillería. Tiradores contra tiradores. El Madrid echaba el cerrojo por dentro en su tablero y miraba a Tavares en el aro contrario. El Unicaja perseguía ataques cortos y cuando la fórmula no funcionaba se refugiaba en unos tiros lejanos que empezaron a salir escupidos. El uso se convirtió en abuso. Los blancos comenzaron a cerrar el rebote y Musa encendió el microondas para alimentarse de puntos (17-21 en el primer cuarto).

Los pequeños del Unicaja, velocistas como Carter, enfilaban el aro sin miedo a los hombres altos del Madrid. El conjunto de Chus Mateo es una mole. Si descansa Tavares, el voltaje lo mantiene Poirier. Y si para Campazzo, siempre se encuentran soluciones en el repertorio infinito de Sergio Rodríguez, un visionario para explotar cada línea de pase aunque un defensor mayúsculo como Alberto Díaz se convierta en su sombra. El Madrid se movía en una ventaja creciente (23-32), bien prieta la defensa ante un Unicaja al que se le agotaba el tiempo de posesión entre las manos, a menudo rematado con un tiro lejano. Y además sin noticias de Perry y con menos carreras que echarse a la boca. El conjunto madridista se podía permitir atravesar unos minutos sin un cinco puro, con Yabusele y Ndiaye de pareja interior. Campazzo regresó a la cancha para dar de comer a Musa o para fabricarse él mismo el plato. “Siento que nunca me fui”, había comentado el base sobre su vuelta a la casa blanca. Y en efecto, conoce de memoria la partitura. Al ritmo del Facu, y muy sólido en la zona, el Madrid alcanzó el intermedio con el encuentro a sus pies (31-44).

El Unicaja apretó con varias recuperaciones que permitieron quemar zapatilla, elevó la energía para capturar algún rebote de más y aumentó la producción en la pintura. Ese arreón permitió a los muchachos de Ibon Navarro reducir la brecha: 47-51. Volvía a haber partido en Murcia. Los corredores de Unicaja exprimían las pérdidas de balón de los blancos. Hasta alguien tan fiable como Campazzo se contagió del descontrol. El equipo se había secado a distancia. Al rescate quiso acudir Tavares, pero al pívot de Cabo Verde se le acumulaba el trabajo en una esquina y en la otra. Will Thomas sacó provecho del cansancio del gigante para mantener los brazos en alto en cada acción. Y un triple de Kalinoski y dos tiros libres de Ejim dieron la vuelta al marcador (56-54) después de que los blancos hubieran disfrutado de hasta 14 puntos de colchón. Solo un fogonazo exterior de Campazzo y un palmeo final de Tavares devolvieron el mando al Madrid antes del último episodio (56-61).

Desgastado Tavares por su condición de hombre para todo, la tropa de Málaga se creyó capaz de una nueva remontada. Había resurgido desde lo más hondo y ahora se sentía rebosante de confianza. Osetkowski picaba por dentro, Llull respondía por fuera en el bando contrario (69-73). El choque había desembocado en un trepidante intercambio de canastas. Y ahí el repertorio blanco es más variado. Solo los balones perdidos, otra vez, dieron algo de vida a los verdes, exhaustos en los últimos segundos del asalto para frenar la estampida blanca. El Madrid ya había atado su décima Supercopa.

UNICAJA, 81; REAL MADRID, 88

Unicaja: Perry (17), Kalinoski (9), Taylor (8), Osetkowski (14) y Thomas (14) —quinteto inicial—; Díaz (0), Djedovic (3), Carter (9), Barreiro (1), Diop (0), Ejim (4) y Badji (2).

Real Madrid: Campazzo (19), Musa (13), Hezonja (17), Ndiaye (2) y Tavares (12) —quinteto inicial—; Yabusele (5), Causeur (0), Poirier (11), Rudy Fernández (0), Sergio Rodríguez (4), Llull (5) y Abalde (0).

Parciales: 17-21, 14-23, 25-17 y 25-27.

Árbitros: Conde, Serrano y Torres Sánchez. Eliminaron por faltas a Osetkowski.
Palacio de los Deportes de Murcia. 7.400 espectadores.

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